Arabist
''This is an article about the scholars known as Arabists, not the political movement Pan-Arabism.'' An Arabist is a person, especially one not raised in the Arabic-speaking world, who is expert in Arabic language and Arabic literature.
Medieval work in Spain
Because it sat on the cusp between the Muslim and Christian worlds, Spain was the locus of much Arabist work in the medieval era. From the end of the 10th century, the monastery of Ripoll — where the future Pope Silvester II studied — there was a focus of translation into Latin of Arabic-language works in mathematics and astronomy. These works — Geometrias Sphaera (on spherical geometry), Mensura Astrolabii (on measuring with an astrolabe) — passed, to some degree, into the rest of Europe. However, it was the slightly later School of translators of Toledo that first introduced into Christendom a cultural current of Arabic scientific and literary works and ideas. This development was due, in part, to the arrival in Toledo of Jews from al-Andalus (now Andalusia), literate in Arabic, but driven north by the religious rigidity of the Almohad dynasty. From the time of Alfonso VII of Castile, (1105–1157), intially under the direction of Raimundo (archbishop of Toledo 1130-50), Muslims, Jews, and Christians — the last translating from the Vulgar Latin or early Spanish which was the vernacular language of that time and place into the Church Latin that was then Europe's lingua franca — translated works by Avicenna, Algazel, Avicebron, etc., books on astronomy, astrology, and medicine. The Greek philosophers, especially Aristotle, became known thanks to Arabic versions; European Christian study of these would owe a debt to the commetaries and compendiums of Algazel, Avicenva, and Averroes, giving rise to a new trend in philosophy, Averroism. The fame of the School of Toledo drew numerous foreign Arabists from the rest of Christian Europe: Gerard of Cremona, Herman of Carinthia, Michael Scotus, and Robert of Ketton. In 1143, Robert of Ketton made the first Latin translation of the Qur'an, at the request of Peter the Venerable, abbot of Cluny. Marcos de Toledo again translated the Qur'an in the 13th century under a mandate from archbishop Rodrigo Ximénez de Rada, who later edited the landmark Historia Arabum ("history of the Arabs"), drawing on the work of al-Razi for the knowledge of al-Andalus prior to the Almoravid conquest.Zeal for conversion and Alphonse X
In the 13th century, an additional motive came to the fore in Spanish Arabism: the zeal to convert Muslims, which stimulated great interest in Muslim languages, cultures, and religion among various Christian religious orders. This motivated Raymundus Martini — author of an Arabic vocabulary book and Pugio fidei adversos mauros et iudaeos — and Ramon Llull, who created in Mallorca in 1275 a school to teach Arabic to preachers, and obtained from Pope Honorius IV the foundation, in Rome of a center for "oriental" studies. Julián Ribera has written on the influence of Arabic culture and mysticism on Llull. It was said that he wrote his Book of the Gentile and the Three Wise Men in Arabic, then translated it into Catalan (as the Llibre del gentil e dels tres savis) Also in this historical line is Pedro Pascual, bishop of Jaén and author of Impugnación de la secta de Mahoma, y defensión de la ley Evangélica de Christo (''Impugnment of the sect of Muhammad, and defense of the Evangelical law of Christ) a work written while imprisoned in Granada, where he was eventually executed in 1300. Pero el auténtico responsible de que el arabismo forme parte del acervo cultural hispano es Alfonso X, que toma la decisiva resolución de encargar traducciones al romance. A él debemos la primera versión castellana del Alcorán, de obras de tanta influencia literaria como Calila e Dimna, Libro de los engannos et de los assayamientos de las mugeres, la Escala de Mahoma y los fuegos del ajedrez. Aparte de estas traducciones, Alfonso X aprovechará numerosos elementos del saber musulmán en su General Historia, Libros del Saber de Astronomía y en las Cantigas de Santa María. El conde Lucanor, del infante D. Juan Manuel y el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita, vienen a confirmar esta penetración y simbiosis de la cultura oriental con la hispánica. En el siglo XV, movido por el afán de proselitismo que informa el arabismo español durante dos centurias, Juan de Segovia redacta un Alcorán trilingüe árabe, castellano y latino, que no nos ha llegado. Bastante después, el Card. Cisneros publica su Biblia políglota complutense. En el siglo XVI destaca la obra de Pedro de Alcalá Vocabulista arábigo en lengua castellana y Arte para ligeramente saber la lengua arábiga, fundamentales para el conocimiento del árabe hispano. En esta época se publica una serie de historias del reino de Granada, de su conquista y de las sublevaciones moriscas, las más importantes de las cuales son: la Guerra de Granada, de Diego Hurtado de Mendoza y, sobre todo, la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos, de Mármol Carvajal.Eclipse del arabismo hispano
Con esto termina el atabismo hispano propiamente dicho, que se va a agando o ante el espectro del tribunal del Santo Oficio, L P os moriscos se guardan de demostrar el más mínimo conocimiento de su lengua materna. (cfr. las penetrantes páginas de D. Cabanelas en El morisco granadino Alonso del Castillo, Granada 1965) y los españoles que no se dediquen, por cuenta propia, a la destrucción y quema de libros arábigos, se guardarán mucho de que se pueda sospechar tengan la menor noción de aquella lengua y cultura. Esto ocurrió como consecuencia de la pública quema de obras musulmanas, por las que se llegó a ofrecer más de 10.000 ducados, llevada a cabo por el cardenal Cisneros y reforzada por la RO de 1511 de que «todos los libros moriscos que en cualquier manera tuvieren, así de ley de creencia é xara é sunna, como de medicina, é filosofía é corónicas é otros cualesquier libros arabigos, é los entreguen a nuestros corregidores o jueces de residencia...». El infeliz que se topaba casualmente con algún mísero libro de cuentas anotaba, temblando, «tengo miedo no sea el malvado Alcorán» y no andaba muy descaminado, ya que «indicio vehemente de apostasía es para el Santo Oficio el encuentro en poder de cualquier morisco, de una breve cuartilla escrita en caracteres arábigos y poco o nada más se necesita para envolverle en un proceso...»El moderno arabismo español
Queda, pues, explicado el porqué no se puede volver al hablar de arabismo hasta mucho más tarde, hasta el reinado de Carlos III. Y aun entonces el monarca habrá de importar tales conocimientos, trayendo a España monjes maronitas, Entre ellos vendrá el justamente famoso Miguel Casiri, bibliotecario del Escorial, autor de Bibliotheca Arabico - Hispana Escurialensis (Madrid 1760-70); Catálogo de voces castellanas que tienen su origen en el árabe (Madrid 1771), y de extractos en latín de la Ihata y de la Lamha de lbn al-jatib. Por aquel entonces, José Antonio o Banqueri traduce el Libro de Agricultura (1751), del sevillano lbn al-'Awwám, y Francisco Cañes redacta su monumental Diccionario Arábigo - Latino (Madrid 1787). El factor determinante en el resurgir del arabismo no es la posible subida de sueldo y mérito para el ascenso que Carlos III promete a aquellos funcionarios que conozcan dicha lengua, como se ha venido afirmando tradicionalmente, sino la disminución de la vigencia y poder de la Inquisición, que Godoy pensaba suprimir. Todavía posteriormente, el erudito y bibliófilo Pascual de Gayangos (1809-97), fundador del moderno arabismo español, se formará esencialmente en París y Londres, antes de regresar, hacia la mitad de su vida, a desempeñar la cátedra de Lengua árabe en la Univ. de Madrid. Es autor de una traducción parcial del Nafh al-tib de al-Maqqari : The History of the Mohammadan Dynasties in Spain (Londres 1840-43); Memoria sobre la autenticidad de la Crónica llamada del moro Ras¡ (Madrid 1850); De la edición de Leyes de Moros (Madrid 1853), y del Ta'rij iftitah al-Andalus de Ibn al-Q-utiya (Madrid 1868), que traduciría l. Ribera.Etapa pre - científica
Paralelamente a estos estudios coexiste la etapa pre - científica, encarnada por la Historia de la dominación de los árabes en España (Madrid 1820-21) de José Antonio Conde. «No todo lo que escribió Conde, ni mucho menos, es disparatado; pero hay en su obra muchos errores, y los no - arabistas no están en condiciones de distinguir lo bueno de lo malo; por tanto, no deben hacer uso de su obra; entre los arabistas dudo mucho que haya uno que se atreva a aceptar, por la sola autoridad de Conde, una noticia que le interese para sus trabajos y que él mismo no haya encontrado en los autores árabes.» F. Codera, Decadencia y desaparición de los almorávides, Zaragoza 1899, 11-12. S. Estébanez Calderón, gran amigo de Gayangos, representa el arabismo literario y romántico, heredero de la tradición de Diego Hurtado de Mendoza y Ginés Pérez de Hita.Arabismo hispano contemporáneo
Francisco Codera y Zaidín (1836-1917), aventajado discípulo de Gayangos y su sucesor en la cátedra, sobresalió especialmente por lo concienzudo, meticuloso y preciso de su labor histórica; citaremos: Tratado de numismática arábigo - española (Madrid 1879), Decadencia y desaparición de los almorávides de España y Estudios críticos de historia árabe española (Zaragoza 1903-17), en que recoge, refundiéndolos, artículos suyos desperdigados en diversas revistas. A él se debe el haber iniciado, en su propia casa y haciendo de tipógrafo, la extraordinaria labor de la edición de la Bibliotheca Arabigo Hispana, que había de continuar J. Ribera (1858-1934), catedrático de Zaragoza y posteriormente de Madrid, autor de audaces teorías que marcaron nuevos rumbos en el terreno de la literatura, instituciones y - aunque más discutibles- de la música medieval; a él se debe el comienzo en España del estudio de la historia cultural musulmana. Merecen destacarse Orígenes del justicia Mayor de Aragón (Zaragoza 1897), la edición y traducción de Historia de los jueces de Córdoba de al-julani (Madrid 1914), El cancionero de Abencuzmán (Madrid 1922) y muchos artículos recogidos en Disertaciones y opúsculos (Madrid 1928). Discípulo y sucesor suyo fue Miguel Asín Palacios (1871-1944), cuyos estudios de filosofía y mística son fundamentales. Característica suya, clave de todas sus obras, es el respeto y sincero afán de perfecta comprensión con que aborda los problemas musulmanes y sus extraordinarias dotes pedagógicas. Asín fue, asimismo, el creador, en 1933, de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid, y de su rev. «Al - Andalus». Ángel González Palencia (1889-1949), discípulo de Asín y sucesor de J. Ribera en la cátedra, incansable investigador de los fondos del Archivo Histórico Nacional, literato e historiador, es autor de: Historia de la España musulmana (Barcelona 1925), Historia de la literatura arábigo - española (Barcelona 1928), su monumental Los mozárabes de Toledo en los siglos XII y XIII (Madrid 1926-30), El Islam y Occidente (Madrid 1931), El arzobispo D. Raimundo y la escuela de traductores de Toledo (Barcelona 1942) y El catálogo de las ciencias de Alfarabí (Madrid 1932). El sucesor de M. Asín fue su discípulo predilecto Emilio García Gómez (1905), máxima figura del arabismo hispano contemporáneo, director de la Escuela de Estudios Árabes de Madrid, desde la muerte de A. González Palencia hasta 1958, en que fue destacado a Bagdad como embajador. Lo mejor de García Gómez es su extraordinaria facultad de captación y transmisión, sea en verso o en prosa, de la literatura y, muy especialmente, de la poesía arábigo - andaluza. Ha escrito: Un cuento árabe, fuente común de Abentofail y Gracián («Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos» 1926), Poemas arábigo - andaluces (Madrid 1930), Ibn Zamrak, el poeta de la Alhambra (Madrid 1942), Un eclipse de la poesía árabe en Sevilla: la época almorávide (Madrid 1942), Libro de las banderas de los campeones de Ibn Sa'id al-Magribi (Madrid 1942), El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba (Madrid 1952), Las jarchas romances en la serie árabe de su marco (Madrid 1965) y Anales palatinos del califa al-Hakam II (Madrid 1968). El actual director de la Escuela de Estudios Árabes es Jaime Oliver Asín (1905), extraordinario filólogo y romanista autor de Historia del nombre «Madrid» (Madrid 1959), de excelentes estudios toponímicos y de valiosos trabajos sobre moriscos. Finalmente, hay que citar a Leopoldo Torres Balbás (1888-1960), arquitecto, conservador de la Alhambra, maestro indiscutido de la arqueología y urbanismo hispano - musulmán, autor de la extraordinaria Crónica arqueológica de «Al-Andalus» desde 1934. La escuela catalana se ha dedicado preferentemente al estudio de las ciencias matemático - astronómicas a ella pertenece José Millás Vallicrosa, autor de interesantes artículos en catalán y de Estudios sobre Azarquiel (Madrid 1943-50) y Las traducciones orientales en los manuscritos de la biblioteca catedral de Toledo (Madrid 1942), labor que continúa su discípulo Juan Vernet Ginés. En Granada destaca Luis Seco de Lucena, autor de numerosos artículos sobre la historia de los nasríes; Darío Cabanelas, que ha escrito Ibn Sida de Murcia, el mayor lexicógrafo de Al-Andatus (Granada 1966), jacinto Bosch Vilá, autor de Historia del imperio almorávide (Tctuán 1956) e Historia del Albarracín musulmán (Teruel 1959). En el arabismo docente merecen citarse además los catedráticos Elías Terés Sadaba (Madrid), autor de excelentes trabajos sobre genealogías y poesía arábigo - hispana; el polifacético Fernando de la Granja (Zaragoza); Joaquín Vallvé - geografía histórica- y Pedro Nfartínez -filología y lexicografía.Arabismo extrauniversitario
Contiguo a este arabismo ha coexistido siempre otro, extrauniversitario, que ha producido figuras de importancia. Francisco Simonet, autor de los eruditos: Descripción del reino de Granada (Madrid 1880), Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes (Madrid 1889) e Historia de los mozárabes de España (Madrid 1867), que por el intemperante partidismo y fanatismo militante anti - árabe que la caracteriza obliga a la sistemática revisión de los datos alegados. Eduardo Saavedra: La Geografía de España de Idrisi (Madrid 1881-89), Estudio sobre la invasión de los árabes en España (Madrid 1892). El historiador Mariano Gaspar Remiro, fundador de la «Rev. del Centro de Estudios Históricos» de Granada, autor de Historia de Murcia musulmana (Zaragoza 1905); Antonio Prieto Vives: Los reyes de tailas; estudio histórico - numismático de los musulmanes españoles en el siglo V de la Hégira (Madrid 1893); Maximiliano Alarcón: Lámpara de príncipes de Abu Bakr al-Turtuchí (Madrid 1931) y Documentos árabes - diplomáticos... Corona de Aragón (Madrid 1940); Francisco Pons Boigues, autor del fundamental: Ensayo bio - bibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo - españoles (Madrid 1898); Isidro de las Cagigas: Los mozárabes (Madrid 1947); Los mudéjares (Madrid 1948); José A. Sánchez Pérez: Partición de herencias entre los musulmanes del rito malequí (Madrid 1914); Compendio de álgebra de Abenbeder (Madrid 1916) y Biografías de matemáticos árabes... en España (Madrid 1921). En el campo del derecho están Salvador Vila: Abenmoguit, formulario notarial (Madrid 1931); José López Ortiz, autor de La recepción de la escuela malequí en España (Madrid 1930) y Derecho musulmán (Barcelona 1932). Entre los historiadores destaca la ingente labor de Ambrosio Huici Miranda, autor de Historia política del imperio almohade (Tetuán 1956), editor de El anónimo de Madrid y Copenhague (Valencia 1917) y Al-Baydn al-Mttgrib (a. 537-665 y 1135-1256) (Tetuán 1963), e incansable traductor de Crónicas árabes de la Reconquista (Tetuán 1953). Asimismo hay que mencionar el trabajo realizado por C. Sánchez Albornoz, autor de En torno a los orígenes del feudalismo, II; Fuentes de la historia hispano - musulmana del siglo VIII (Mendoza 1942) y El «Aibar Machnilia» cuestiones historiográficas que plantea (Mendoza 1944); y los nuevos enfoques que el discutidísimo libro de Américo Castro, España en su historia, cristianos, moros y judíos (Buenos Aires 1948), han obligado a adoptar. Antes de concluir no se puede olvidar la labor efectuada en el poco explorado terreno de la filosofía por Manuel Alonso, sobre Averroes, al-Farabi, Avicena y Algazel, proseguidos por Miguel Cruz Hernández y Salvador Gómez Nogales.Reference
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